El Adagio para cuerdas de Samuel Barber puede que sea una de las piezas más bonitas y melancólicas de la historia de la música, y un malentendido con el gran director de orquesta Arturo Toscanini casi la deja sin estrenar.

La obra conocida como Adagio para cuerdas del estadounidense Samuel Barber (1910-1981) es originalmente el segundo movimiento de su Cuarteto para cuerdas Op. 11 compuesto en 1936 cuando Barber sólo tenía veintiséis años, muy pocos meses después de graduarse en el Instituto de Música Curtis de Filadelfia.

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Arturo Toscanini

La nota curiosa o anecdótica de esta composición viene de la mano de que tal vez sea “el más grande director de orquesta” de su época, y seguramente de las precedentes y posteriores; el italiano Arturo Tosacanini (1867-1957).

Para empezar el Adagio para cuerdas tiene su origen en el Cuarteto para cuerdas de 1936, pero no fue hasta enero de 1938 que Barber promovió su estreno enviando su partitura al director de orquesta más importante y reconocido del momento, Toscanini. Éste había llegado a Nueva York poco tiempo antes huyendo del fascismo reinante en Europa, y fundó la Orquesta Sinfónica de la NBC, con la que por sus actuaciones se convertiría en la primera estrella de la dirección de orquesta para los medios de comunicación del momento.

La leyenda, o una de ellas, apunta a que el director devolvió inmediatamente la partitura al compositor sin apuntes ni comentarios al respecto, y sin que la razón de compartirla llegara ni a comentarse. Evidentemente Baber se molestó, actitud seguramente debida a su juventud e inexperiencia, y su enfado le llevó a evitar al director y por tanto un nuevo contacto con él. También esta situación hizo que el estadounidense pensara en retrasar el estreno de la obra.

Al cabo de un tiempo, y viendo que no había respuesta por parte del compositor, Toscanini por fin se puso en contacto con Barber por medio un amigo, haciéndole saber que tenía la intención de interpretar la obra con su orquesta, la Sinfónica de la NBC, y que si le había devuelto la partitura sin ningún comentario más era simplemente porque ya la había memorizado y esperaba contestación para seguir adelante con el evento.

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Samuel Barber

Curiosamente, si un malentendido entre compositor y director hizo peligrar el estreno del Adagio para cuerdas, el que Barber no hiciera llegar de nuevo la partitura ya orquestada a Toscanini hasta pocos días antes del mismo estreno, hace que prácticamente fuera un milagro su lanzamiento.

Finalmente llegó el esperado estreno de la obra. Fue en un programa radiofónico de la norteamericana cadena de televisión, y por aquella época también de radio, la NBC. Arturo Toscanini dirigió el 5 de noviembre de 1938 a la Orquesta Sinfónica de la NBC en Nueva York interpretando el Adagio para cuerdas del Cuarteto para cuerdas Op. 11 de Samuel Barber.

El éxito del Adagio hizo que Barber pasara a ser un compositor relevante en la música orquestal y de cámara en los Estados Unidos, la sencillez y la naturalidad de su música le reportó un gran número de elogios y reconocimientos, a pesar de que parte de la crítica del momento lo considerara “poco moderno” por no adaptarse a las nuevas corrientes compositivas del siglo XX.

Años más tarde, concretamente en 1967, Baber adaptó su obra más conocida convirtiéndola en una composición coral para ocho voces y órgano, con letra en latín de la liturgia del Agnus Dei.

Actualmente el Adagio para cuerdas es conocida por ser una de las obras más melancólicas y a la vez que bellas del repertorio del siglo XX, características que la ha llevado a formar parte de numerosas bandas sonoras de grandes películas como El hombre Elefante (David Lynch, 1980), Platoon (Oliver Stone, 1986) o Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001) entre muchas otras.

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